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viernes, 11 de diciembre de 2009

Capítulo 5 (completo!!!!)


Alguien una vez me preguntó qué veía reflejado en el espejo cuando me miraba, y me sorprendí al no saber que responder. Las sombras se habían calado en mis huesos, y una masa amorfa me sustituía, el ente que me observaba no llegaba a ser ni una milésima parte de la persona que había sido.
Hoy era un día como aquel, en donde me sentía vacía, fatigada por el simple hecho de existir, la poca fuerza que tenía apenas mantenía latiendo débilmente el corazón y en un estado casi letárgico la frecuencia respiratoria. Debía levantarme, pero entre el deber y el querer existía una gran brecha que parecía infranqueable. La bipolaridad que reinaba últimamente en mi vida, si a eso se le podía llamar vida, no era agradable, felicidad nocturna y malhumor diurno, mi alma se alimentaba de irrealidad y no era saludable.
- Descubrir dones es importante, descubrir dones es importante, tengo que levantarme – repetí suavemente como queriendo creer lo que decía, pero entre lo poco que había dormido y las trémulas olas que batían en mi interior me fue imposible.
Mierda, no puedo estar cayendo nuevamente, esto no se trata solamente de mi. La decisión había sido tomada y era obvio que con ella llegaran sus repercusiones, porque no todo es caramelo en la vida. ¿Quién me creía para hacer y deshacer a mi antojo? Deslicé las sábanas a un lado y salté de la cama. Cambié mi pijama por un conjunto de gimnasia y descalza me encaminé a comenzar la búsqueda de la aguja en un pajar de incertidumbre. ¿Por dónde empezaba?
- Buen día querida, por favor no desayunes, es importantes que estés lo más vulnerable posible para encontrar lo que buscamos -
- Hola Gabriel, pensé que estabas en la sala – respondí exaltada.
- Siento haberte asustado, no era mi intención. Si estás lista es mejor que comencemos, no tenemos mucho tiempo -
Nos sentamos en el suelo, sobre una fina manta morada y me quedé mirándola en espera de instrucciones.
- El que sepas el comienzo de esta guerra no es necesario, pero si el funcionamiento – dijo con un suspiro y luego continuó:
- El creador facultó al hombre con libre albedrío y este descubrió prontamente el pecado, que no fue más que una falta contra la verdad y la razón, negando la ley eterna, poniendo en riesgo la vida de gracia que él nos daba y amenazando con la condenación eterna. – explicó manteniendo duramente el entrecejo fruncido. Sin dejarme formular pregunta prosiguió:
- Los pecados de menor importancia eran absueltos mediante la penitencia o una constricción de corazón, pero con el correr del tiempo la maldad se hizo más poderosa y surgieron los pecados mortales que al cometerlos llega el tormento eterno en el infierno. Los demonios pervierten esperando a que la persona caiga en estos, y así en un estado de fragilidad extrema absorber el alma y la energía. Si respetaran los tratados entre el cielo y el infierno, deberían quedarse al margen, esperando las almas que San Pedro deniega el ingreso al paraíso. No comprendo como el Altísimo no actúa, es absurdo pensar que ellos acatarían las reglas, su esencia se regocija en la trampa, y nosotros debemos ponerle fin definitivamente a este ultraje. – sus palabras resonaban en mi pecho alentándome al combate, y en verdad no importaba el comienzo, sino el fin de este asunto. El que ellos eran los malos y nosotros los buenos había quedado claro, pero ¿tan legible y arbitraria era la línea que nos separaba? ¿Desde cuándo solo existían los extremos? Tal vez presintiendo la duda, ella argumentó:
- Querida, es por eso de la importancia de que pongas todo tu esfuerzo en encontrar ese regalo tan bello que el grandioso te otorgó. Día a día la situación se hace más difícil, los delitos espirituales arden en deseo y la fe en nuestro padre se está perdiendo, no se resisten a lo prohibido… a lo perverso, y hacen más difícil nuestro trabajo, que al fin y al cabo se basa en dar esperanza. Apártate de lo tangible, déjate llevar por el abrazo eterno del todopoderoso, y de esa forma rasgarás la envoltura que lo oculta, al igual que una chiquilla en su quinto cumpleaños. – No necesité nada más, deje el miedo a un lado y salté al precipicio de la ignorancia, para que un mar de amor y paz me dieran vida.
De aquel órgano tan noble brotaron haces de luz que recorrían el cuerpo y lo abrazaban suspendiéndolo en el aire. Las facciones del rostro se suavizaron y una ráfaga de aire acarició mi cabello y llevó frescura a cada punto del cuerpo que tocó. La inmensidad se formó en mi pecho, haciendo la respiración lenta y segura. Luego la necesidad de compartir la experiencia se apodero de mi voluntad y con solo desearlo un hilo dorado me unió a Gabriel. La sonrisa que se formó en sus labios fue la señal de que lo había logrado.
Por ser la primera vez había quedado exhausta, y no para menos, según Gabriel había llevado casi al extremo mis energías. Debía continuar practicando, tenia la sensación de que la adversidad se haría presente antes de lo pensado. Las horas habían pasado y ya casi debía estar en el instituto. Tome los libros y abrí el refrigerador buscando sobras de la noche anterior para saciar mi voraz apetito. Dios, obligaciones, aunque estoy cansada, Gabriel había dicho que debía ir a clases, porque era bueno que tenga un poco de normalidad en mi vida, ¿normalidad? ¿Se refiere a la distribución de probabilidad de variable continua que aparece en los fenómenos reales? Ok algo me había quedado de lo visto en el instituto, pero igual no creo que haya en estos momentos normalidad alguna. Mientras mordisqueaba los bordes de un trozo de pizza, recordé que no había estudiado en lo absoluto. Espero que la videncia no sea otro don, porque lo único que vislumbraba en mi futuro cercano era la cara que iba a poner cuando me entregaran un examen sorpresa.
Desde el inicio del día todos parecían desaparecidos, y ahora ¿quién me llevaría al colegio? Esa fue una pregunta un tanto infantil e innecesaria, porque ya sabía la respuesta: nadie, mejor me apuraba o llegaría tarde.
En contra de los pronósticos, las clases no solo fueron agradables, sino que me infundieron ganas de estudiar, y aunque la noche era dueña del cielo, deje de lado el buen juicio y decidí quedarme en la biblioteca a volver a la casona. Era la primera vez que iba alli, pero no fue tan difícil encontrarla, carteles por toda la institución anunciaban su ubicación como incitando a los alumnos a que acudan a ella. Era simple al igual que el resto del lugar. Unas pocas mesas en el centro estaban ocupadas. Elegí sentarme cerca de una ventana, la tranquilidad de la noche siempre me inspiraba. Varias láminas de cuadros famosos colgaban enmarcadas en las paredes. Hombres dispersos en lección de anatomía, campos de dorados girasoles, una sonrisa que no lo era, la noche estrellada, el beso eterno, la última cena, el tiempo que se escurría. Ante todo el despliegue de talento un cuadro llamó mi atención, el artista no era conocido, pero la escena plasmada en el trozo de lienzo si lo era. Un arcángel de blancas alas y armadura romana mantenía sobre el suelo aprisionado a un demonio semidesnudo, con intención de blandirle la espada en su espalda. La conversación que había tenido con Gabriel me golpeó duramente, yo no iba a matar a nadie, pero tampoco podía dejarlos que continuaran con su malévolo jueguito, debía encontrar solución a este problema o estaría perdida.
La brillante moneda de oro blanco que iluminaba la noche, me alertó de la hora, debía apresurarme o de lo contrario me perdería la cena. Ágilmente comencé a bajar las escaleras saltando de a dos los escalones, y un tanto agitada empuje la puerta. A unos pocos metros de donde me encontraba, estaba aparcado aquel auto negro que el día anterior casi atropella. ¿Estaría él aquí? ¿Si me viera me reconocería? La ansiedad por saber de él me carcomía. El golpe que hizo al cerrarse la puerta del automóvil me hizo volver a la realidad. Solo recordar mis sueños me derretía, pero verlo parado en carne y hueso era inexplicable, una sola palabra podía definirlo: majestuoso.
Aunque en las fantasías nocturnas me petrificaba, ahora era diferente, sentía su energía merodeando cerca de mi cuerpo, sobrevolándolo como un ave rapaz, provocándome, probándome cuan fuerte era al resistirme a su encanto.
Por el ángulo más alejado de mi visión capté una pelirroja que se acercaba contorneando morbosamente las caderas incitando al sexo a cualquiera que la viera e infundiendo terror al mismo tiempo. Paso por mi lado como si no existiera, golpeándome en el hombro, y haciendo que pierda el equilibrio. No solo que caí al suelo, sino que rasgué el pantalón en la rodilla con el único trozo de vidrio que había en los cien metros de acera.
Levanté la vista del suelo para incriminar a esa perra, tratando de culparla por mi suerte, pero las palabras se disolvieron al igual que todo a mí alrededor. Ella se enroscaba tal una víbora, rozando sensualmente las partes de su amante, envolviéndolo, excitándolo. Pero él no era mejor, la posicionó para que me diera la espalda, y comenzó a recorrerla con lujuriosos besos, mientras que su mirada se mantenía fija en mí. ¿No les daba vergüenza montar aquel numerito en la vía pública? ¿Qué significaba ese gesto arrogante? Desconocía la intención, pero el enojo que se había formado en mi interior no tenía precedentes. Los segundos parecían horas, todo se hacía tan lento… a pesar de eso me puse de pié y comencé con mucho esfuerzo el camino a casa.
Como Alegra y León no estaban, la cena fue austera y aburrida. Gabriel para cortar el silencio comentó el descubrimiento de mi don, pero Mercia respondió indiferentemente. ¿Qué le sucedía a esa chica? Supongo que no teníamos feeling. Luego de retirar los platos de la mesa, lavé la vajilla y me marché al dormitorio. Realmente necesitaba un poco de privacidad. Tanto tiempo había estado en soledad, que me resultaba extraño y hasta a veces asfixiante el estar constantemente con personas.
El contacto de las blancas sábanas, me llevaron inevitablemente a pensar en Abiel, en su misterio, en la oscuridad, en lo real que parecía a la luz de la luna, no obstante todo su ser como lo conocía se esfumaba con el alba. Frente a tantas incógnitas algo era seguro, el nocturno nos unía, nos llamaba al encuentro, y era lo que necesitaba esta noche.
Un azul marino tan oscuro que se confundía con negro, dominaba el cielo. Busque a la luna en aquella inmensidad, pero no estaba. Me conformaba con una sutil estrella que iluminara el camino, pero tampoco. Sin la luz, la oscuridad reinaba y no me permitía distinguir nada a mi alrededor. La visión era innecesaria, solo representaba un buen recuerdo.
Había depositado tanta confianza en ese sentido que ahora me sentía indefensa. Lo que me rodeaba se movía a mi alrededor en un baile frenético y terrorífico intentando tocarme, hacerme suya, suspirando en mi oído.
Rodee las piernas con los brazos escondiendo la cabeza entre ellos, tratando de que todo vuelva a ser como antes. Dios no me dejaría sola, necesitaba paz y seguridad. Invoqué a mi don mentalmente haciendo que cada músculo experimentara la relajación de sus fibras y los órganos se llenaran de amor. Batí los brazos en el aire agradeciendo por la vida y luego los llevé a la tierra para que el tacto despertara y me dijera en donde me encontraba.
Las minúsculas papilas táctiles rozaron la suave y flexible gramilla absorbiendo su naturaleza. Lo desconocido captó mi atención, no era nada de lo que hubiera palpado antes, lo liso fue aterciopelado y a la vez esférico. La curiosidad dejó a la búsqueda de la seguridad en segundo plano y múltiples preguntas se formaron en segundos: ¿Sería resistente a la presión? Pero ¿y si era tan friable que al presionarlo desaparecía? Era demasiado tentador…
Al rozar la nariz con la punta de los dedos, notas dulces activaron el olfato, un toque de acidez hizo disminuir la sensación y eso acrecentó la liberación de lubricante en la boca. Era como si el gusto rogara por probar aquel fruto salvaje. En el preciso momento en que la pequeña esfera se unió a mis carnosos labios, calidez y humedad se expandió por todo mi cuerpo de la misma forma como lo haría la grácil electricidad. Una abertura se fue creando entre ellos, haciendo que el fruto cayera sobre la ansiosa lengua dispuesta a saborearlo. Corroboró lo que el olfato había detectado, pero no era suficiente, quería más, sabía que el interior era aún más delicioso. Cuando los dientes suavemente agrietaron el fruto, un espeso zumo escapó de su interior haciendo que los receptores de acidez se regocijaran con aquel manjar. El fuerte músculo se movió ágilmente queriendo adueñarse de la sensación, pero era tiempo de que continúe su viaje y la garganta descubra lo prohibido. Los sentidos ardían por saber de él, luego de mucho tiempo habían despertado captando lo que a cualquier humano le sería indiferente.
Aunque la visión estaba en vano, las pupilas se dilataron, y el corazón comenzó a contraerse y relajarse rápidamente llevando vital alimento a todos los músculos. Estos se posesionaron en forma defensiva, preparando todo para una cercana huída. Cuando el peligro se hizo conciente, supe que alguien me acechaba, pero no aquí, sino lejos; a un cuerpo, que aunque me pertenecía, no era este, sino uno que yacía tendido en una cama relajado todavía por aquel manjar de los dioses. Traté con todas mis fuerzas volver a él, pero no lo encontraba y eso hacía que la desesperación creciera. Un lazo dorado brillaba a lo lejos, llamándome a que lo siga, y así lo hice, cayendo en el sin fin de oscuridad que tantas veces había transitado.
La familiaridad se hizo presente, pero el peligro había desaparecido. ¿Todos mis sueños en algún momento se iban a transformar en pesadillas? Porque últimamente así era.
Cambié de posición en la cama haciendo que la suavidad acariciara mi oído descargando cosquillas. Abrí los ojos de par en par y allí estaba, reposando sobre la almohada una perfecta orquídea tan oscura como el petróleo con pintas rojas casi indistinguibles. Algo en ella era espeluznante, ese algo que la caracterizaba parecía no poder ser captado por los sentidos. Mi mente la contempló descubriendo cada uno de sus detalles hasta llegar a las pintas rojo borgoña que se movían lentamente con el cambio de posición, como desprendiendo vida, ¿magia? Claro que no, era sangre y no precisamente mía...

sábado, 5 de diciembre de 2009

Capítulo 5 (anticipo)


Alguien una vez me preguntó qué veía reflejado en el espejo cuando me miraba, y me sorprendí al no saber que responder. Las sombras se habían calado en mis huesos, y una masa amorfa me sustituía, el ente que me observaba no llegaba a ser ni una milésima parte de la persona que había sido.

Hoy era un día como aquel, en donde me sentía vacía, fatigada por el simple hecho de existir, la poca fuerza que tenía apenas mantenía latiendo débilmente el corazón y en un estado casi letárgico la frecuencia respiratoria. Debía levantarme, pero entre el deber y el querer existía una gran brecha que parecía infranqueable. La bipolaridad que reinaba últimamente en mi vida, si a eso se le podía llamar vida, no era agradable, felicidad nocturna y malhumor diurno, mi alma se alimentaba de irrealidad y no era saludable.

- Descubrir dones es importante, descubrir dones es importante, tengo que levantarme – repetí suavemente como queriendo creer lo que decía, pero entre lo poco que había dormido y las trémulas olas que batían en mi interior me fue imposible.

Mierda, no puedo estar cayendo nuevamente, esto no se trata solamente de mi. La decisión había sido tomada y era obvio que con ella llegaran sus repercusiones, porque no todo es caramelo en la vida. ¿Quién me creía para hacer y deshacer a mi antojo? Deslicé las sábanas a un lado y salté de la cama. Cambié mi pijama por un conjunto de gimnasia y descalza me encaminé a comenzar la búsqueda de la aguja en un pajar de incertidumbre. ¿Por dónde comenzaba?

- Buen día querida, por favor no desayunes, es importantes que estés lo más vulnerable posible para encontrar lo que buscamos -

- Hola Gabriel, pensé que estabas en la sala – respondí exaltada.

- Siento haberte asustado, no era mi intención. Si estás lista es mejor que comencemos, no tenemos mucho tiempo -

Nos sentamos en el suelo, sobre una fina manta morada y me quedé mirándola en espera de instrucciones.

- El que sepas el comienzo de esta guerra no es necesario, pero si el funcionamiento – dijo con un suspiro y luego continuó:

- El creador facultó al hombre con libre albedrío y este descubrió prontamente el pecado, que no fue más que una falta contra la verdad y la razón, negando la ley eterna, poniendo en riesgo la vida de gracia que él nos daba y amenazando con la condenación eterna. – explicó manteniendo duramente el entrecejo fruncido. Sin dejarme formular pregunta prosiguió:

- Los pecados de menor importancia eran absueltos mediante la penitencia o una constricción de corazón, pero con el correr del tiempo la maldad se hizo más poderosa y surgieron los pecados mortales que al cometerlos llega el tormento eterno en el infierno. Los demonios pervierten esperando a que la persona caiga en estos, y así en un estado de fragilidad extrema absorber el alma y la energía. Si respetaran los tratados entre el cielo y el infierno, deberían quedarse al margen, esperando las almas que San Pedro deniega el ingreso al paraíso. No comprendo como el Altísimo no actúa, es absurdo pensar que ellos acatarían las reglas, su esencia se regocija en la trampa, y nosotros debemos ponerle fin definitivamente a este ultraje. – sus palabras resonaban en mi pecho alentándome al combate, y en verdad no importaba el comienzo, sino el fin de este asunto. El que ellos eran los malos y nosotros los buenos había quedado claro, pero ¿tan legible y arbitraria era la línea que nos separaba? ¿Desde cuándo solo existían los extremos? Tal vez presintiendo la duda, ella argumentó:

- Querida, es por eso de la importancia de que pongas todo tu esfuerzo en encontrar ese regalo tan bello que el grandioso te otorgó. Día a día la situación se hace más difícil, los delitos espirituales arden en deseo y la fe en nuestro padre se está perdiendo, no se resisten a lo prohibido… a lo perverso, y hacen más difícil nuestro trabajo, que al fin y al cabo se basa en dar esperanza. Apártate de lo tangible, déjate llevar por el abrazo eterno del todopoderoso, y de esa forma rasgarás la envoltura que lo oculta, al igual que una chiquilla en su quinto cumpleaños. – No necesité nada más, deje el miedo a un lado y salté al precipicio de la ignorancia, para que un mar de amor y paz me dieran vida.

De aquel órgano tan noble brotaron haces de luz que recorrían el cuerpo y lo abrazaban suspendiéndolo en el aire. Las facciones del rostro se suavizaron y una ráfaga de aire acarició mi cabello y llevó frescura a cada punto del cuerpo que tocó. La inmensidad se formó en mi pecho, haciendo la respiración lenta y segura. Luego la necesidad de compartir la experiencia se apodero de mi voluntad y con solo desearlo un hilo dorado me unió a Gabriel. La sonrisa que se formó en sus labios fue la señal de que lo había logrado...

(continúa en cuanto lo termine de arreglar, je, je)

miércoles, 14 de octubre de 2009

Capítulo 4


Comencé a caminar lentamente, ya que mis pies parecían encontrarse atrapados en algún tipo de cemento, lo que hizo que tardara mucho tiempo en poder recorrer la poca distancia que me separaba de mi nuevo hogar.

El automóvil se encontraba más allá del alcance de mi visión, pero yo continuaba ensimismada en la verborragia de pensamientos que la situación había desencadenado. ¿Quién era ese misterioso hombre que se entrañaba en mis sueños? ¿o era yo intrusa en su descanso? Comprendo que es poco factible soñar reiteradas veces con una persona desconocida, pero ¿y si no es un sueño y es una premonición? Y aquí la pregunta sería ¿premonición de qué? Porque al fin y al cabo, no sucedía nada. ¿Será que es mi don desconocido? Y si es así ¿por qué él y no otro? Debía detenerme, no conseguiría nada dando vueltas por el infinito.

Estando ya en el umbral de la casa, decidí dejar mis pertenencias a un lado y recostarme en la suave y fresca hierba. Cerré los ojos, como queriendo desprenderme del mundo. Una dieta de pensamientos no me vendría nada mal, pero como de costumbre me resultó imposible, un tinte de tristeza empañó el encanto de la noche y los recuerdos de mi antigua vida acudieron precipitadamente. Maldito Cronos que permitiste que el tiempo me roce, hubiera preferido quedarme en mis años de niña, donde la felicidad era mi alimento, aunque debo reconocer que no sería justo para el destino tener que deshacer la intrincada trama de mi vida.

El pasto que me rodeaba crujió cuando alguien se recostó a mi lado. ¿quién sería mi inoportuna compañía? Al abrir los ojos, encontré a León que me contemplaba con expresión dubitativa, seguramente se debatía entre considerarme una desquiciada o una antisocial por estar allí tendida. Mientras me rodeaba con el brazo y me acercaba hacia él, dijo:

- Es difícil, pero te vas a poder recuperar, yo te voy a cuidar – no es común pero por el tono en que se expresó, se notaba que sabía de lo que estaba hablando. Qué egoísta había sido, sólo había pensado en mí y nunca se me había ocurrido que tal vez los demás me necesitaban. Comprenderlo me hizo sentir una basura.

- Lo sé, pero en este momento siento que estoy perdida - expresé de forma entrecortada.

- No se si te sirva, pero ninguno de los que estamos llegamos con una sonrisa en los labios, ¿o cómo crees que obtuvimos la bendición del todopoderoso? - dijo con su habitual sonrisa que denotaba tristeza, y lograba que quisiera con todo mi ser absorber totalmente su angustia.

- La verdad es que no me había puesto a pensar al respecto, en general tengo buenos sentimientos y no suelo ser tan egoísta - ¿por qué cuando uno tiene problemas, parece que fueran los más difíciles de resolver y supone que nadie en el mundo sabe lo que es pasar por una situación así? Luego surgen las comparaciones que aumentan aún más el tormento, ¿cómo me puedo poner de esta manera por algo de mínima importancia siendo que otras personas tienen problemas realmente alarmantes? Pero lo importante es que después de años de pesar había aprendido que tanto las comparaciones como sobredimensionar los problemas es malo, me llevan al fondo del lago para que las algas y el pútrido fango me atrapen y no pueda salir a flote. ¡Ahora sí!, si quería cambiar, debía concluir la reflexión que había brotado al darme cuenta lo poca persona que era y volver a la realidad.

- ¿Por qué nos eligió a nosotros y no a otros? - fue la pregunta que resonó a través de mi boca y mi mente no pudo parar.

- Él no nos eligió, nosotros fuimos los que lo elegimos – afirmó con seguridad, y luego continuó diciendo.

- Existe un mal juego en donde el premio es el alma. Cuando te encontrás en una situación límite, el ser supremo te deja optar entre el bien y el mal, entre el amor o el odio, entre seguirlo a él o dejarte llevar por el príncipe de las tinieblas y si en vez de optar por lo oscuro le pides su ayuda y le entregas tu vida, él valora tu alma y te rescata volviéndote un guardián - Ok, eso resultó muy revelador, pero recordaba ciertas palabras de aquella noche que me hacían pensar que algo más había contribuido a mi actual situación.

- Gracias por tratar de aliviarme – es descortés cambiar tan abruptamente de tema y sobretodo cuando él trataba que me sintiera mejor. Mi estado de ánimo había mejorado y la seguridad que me transmitían sus palabras era inexplicable, estando con él podía afrontar cualquier cosa, era intocable, fuerte… mmm fuerte, ¡eso era! Una teoría se formo en mi mente: aunque en ciertas circunstancias León podía canalizar su don, la mayoría del tiempo la fuerza era incontrolable y se desbordaba y lo mismo pasaba con Alegra.

- No fue nada pequeña, y ¿qué dices si entramos a la casa? Porque ya es hora de la cena y el estómago me hace ruidos – Si bien me encantaba cómo sus castaños ojos brillaban en la oscuridad, no dejaría de lado que me había llamado nuevamente pequeña, ¿cuándo entenderá este hombre que sólo me lleva unos pocos años? ¡soy una mujer, no una niña!.

Nos pusimos de pié, recogí mis pertenencias y al entrar nos dirigimos al comedor en donde los demás integrantes de esta “familia poco convencional” nos esperaban sentados.

- Evan, León ¿se puede saber en dónde se habían metido? Los estábamos esperando – expresó Alegra como lo haría una madre a sus hijos. Sin esfuerzo emergió en mi mente la imagen de nuestros cuerpos bajo las estrellas haciendo encender mi rostro. ¿Desde cuándo permitía que alguien que apenas conocía tuviera contacto físico conmigo? Pero con León era distinto, lo sentía como ese amigo que no te da lo que quieres sino lo que necesitas.

- Lo importante es que llegamos a tiempo, y deja de refunfuñar que pareces el gnomo gruñón de Blancanieves dijo León haciendo que las risas estallaran en la sala. Qué ocurrencia, Alegra el gnomo gruñón. Poco duró el jolgorio cuando Gab hizo señas para que el silencio se abriera paso.

Según lo que atisbé, la cena era un momento de encuentro. Comenzaba silenciosa denotando el cansancio de los comensales hasta que alguien rompía el hielo y se impregnaba de comunicación.

Mientras recogíamos la vajilla Gabriel comenzó a dar indicaciones:

- Mañana Evan, vamos a comenzar con el entrenamiento, y pronto tendremos que reestructurar los grupos y días de salvataje. Esta noche por ser miércoles salgo yo, mañana León y Alegra y el viernes Mercia y Evan. El fin de semana ya veremos. Y no me pidan cambios de pareja porque no los voy a conceder – al pronunciar la última frase dirigió su mirada a León y Alegra. Luego continuó:

- Espero que tengan dulces sueños, el viaje me dejó fatigada por lo que me voy a descansar -

- Okay chicos saquen esas caras melodramáticas que les saldrán arrugas. Gabriel tendrá motivos para ponerlos juntos, son grandes y es hora de que sepan comportarse. Además esto no es amiguismo ténganlo bien claro, es un trabajo – Aunque Mercia no hablaba mucho, y en general la encontraba distante, esta vez fue firme y no dejó pié para que nadie contraatacara. El clima estaba un tanto tenso por lo que me despedí de ellos sólo con un vaivén de mano.

La noche ya me había alcanzado y mi incomprensible sueño no se haría esperar. No terminé de cerrar los ojos que ya podía sentir el aroma a madreselva que me penetraba, induciendo al olfato a vibrar de frescura, las peculiares mariposas azules rozaban mi piel desnuda tan delicadamente que parecían ligeras caricias, y la calidez que se percibía era tan… ¿había dicho piel desnuda? No podía ser, ¿dónde se encontraba mi ropa? Con un rápido giro recorrí el perímetro, pero no había nada que pudiera usar para cubrirme.

Denoté que a lo lejos una molécula era estimulada y en respuesta a la energía que le sobraba, excitó a sus hermanas para que se convirtieran en ondas y viajaran rápidamente a mi oído. Las ondas fueron movimiento, y el movimiento se hizo impulso haciendo conciente la presencia del dulce nocturno. Sólo un segundo fue necesario para darme cuenta que si mis suposiciones eran correctas, no estaba sola, él estaba cerca. ¿Qué haría? Sólo con el hecho de imaginar que él me viera tan salvaje me ruborizaba. No lo podía permitir. Enfoqué nuevamente mis sentidos en la melodía, y mientras rogaba a Dios que no existiera viento que desviara las ondas de su camino, distinguí de dónde provenían, e inmediatamente me eché a correr en dirección contraria. Tal era la velocidad en la que me deslizaba que las flores bajo mis descalzos pies no se percataron de mi paso, y se mantuvieron tan erectas como estaban. Debía encontrar pronto un destino, no podía pasar toda la noche corriendo a ninguna parte, mi blanca piel delataba la ubicación al brillar de una manera descomunal cuando los rayos luminosos de la luna incidían sobre ella. Recordé la presencia de aquel viejo árbol en dónde lo había visto por primera vez, si seguía por la misma dirección indudablemente me toparía con él.

Al igual que lo hacen los vientos cálidos y fríos en la formación de un tornado, sentimientos contradictorios se arremolinaban en mi interior. Por un lado me avergonzaba mi atrevido cuerpo y por el otro adoraba cada segundo que pasaba sintiendo la forma en que la brisa rozaba mi desnudez haciéndome libre. El fin se acercaba, mi refugio estaba cerca. Rodee el árbol sentándome en una de sus gruesas raíces, esperando a que el silencio retornara a la noche, pero sin duda eso nunca llego, el nocturno se hizo más cercano. Nuestro encuentro era inevitable.

- Sé que estás ahí, ¿por qué te escondes? – dijo con incertidumbre.

- Ni se te ocurra voltear a verme, ¡cierra los ojos! – Si, estaba desesperada, ¿acaso estaría también él pasando por mi misma situación?, tenía que averiguarlo, pero el voyeurismo no era lo mío, por lo que continué:

- ¿Estás vestido? – Bueno fue una forma sutil de delatarme.

- ¿Asi que la princesita está en un mal sueño? Diría que en uno en donde la moda no está a su disposición sugirió mientras reía suavemente. Ya lo había adivinado, ¿sería que el pervertido me había visto? Mi concentración se vio interrumpida por la caída de una camisa a unos centímetros de donde me encontraba. Rápidamente la tomé, y metí los brazos en las mangas, rogando que fuese lo suficientemente larga como para que tape mis partes íntimas. Luego de verificar que todo estuviese en su lugar, y con un suspiro me reprendí por haber pensado en él como una persona arrogante y despreciable.

- Gracias – le dije mirándolo a los ojos y ruborizándome al mismo tiempo. Últimamente los delgados vasos sanguíneos de mi rostro estaban continuamente dilatados, tiñendo las mejillas de un sutil color rojizo.

La perplejidad sobrevivo en cuanto dirigí mi visión al perfecto torso desnudo del dueño de la camisa. ¡ohh mi Dios! ¿Qué me sucedía? Hasta las pequeñas cicatrices de su pecho me parecían excitantes.

- De nada, igual creo que te queda mucho más linda de lo que me quedaba a mí, podes conservarla – señaló mientras escaneaba lentamente mi cuerpo, al igual que lo hace un aparato de rayos x. Sin dudas estaba coqueteando y siendo sincera no estaba acostumbrada a situaciones como esta, por lo que no supe que responder y quedamos en silencio.

Con el mismo cuidado que tiene un cazador durante el primer contacto con su presa, sin desconectar nuestras miradas y a paso lento y agraciado fue acercándose a donde me encontraba. ¿Pero sería tocada por el mismo sombrío desenlace que depara a la presa? ¿o es el ingenuo animal el que se aproxima a su trampa? Indefectiblemente ese hombre me hacía desvariar. Cuanto más se acercaba, más se intensificaban mis sentidos. Esta noche a su aroma habitual se le habían sumado notas picantes que le daban fogosidad, supongo que era pimienta. Arrastró dulcemente sus delicados dedos en mi espeso y largo cabello, tratando de liberar las pequeñas hojas que se habían enmarañado en él. Sólo fue necesario el roce de su piel bajando por mis hombros, para que el corazón saltara y mis manos se cubrieran de sudor.

- Mi nombre es Abiel ¿y el de la princesa cuál es? – mmm Abiel, raro pero lindo.

- Soy Evannnnnnnnnnnn… - la oscuridad me arrancó de sus brazos, giraba en el triste vacío como las noches anteriores. Era incomprensible, el fin del sueño siempre llegaba cuando nos separábamos, pero hoy estábamos juntos, demasiado juntos.

- Evan ¿estás bien? Evan – preguntó Alegra con preocupación.

- ¿mmm? ¿qué pasa? – no entendía nada, ¿por qué me despertaba?

- ¿Tenías una pesadilla? Si te hubieras visto, estabas como nerviosa, toda sudada – dijo mirándome fijamente esperando una respuesta. Si supiera cual fue el verdadero motivo que me llevó a ese estado no estaría tan intranquila.

- Solo fue un extraño sueño -

- Entonces declaro ¡Noche para develar el significado de tu sueño! – definitivamente Al estaba loca, todavía no amanecía y sin embargo ella estaba radiante y entusiasmada. Y sin permitir que me negara continuó:

- Trata de acordarte objetos o situaciones. Aunque no lo veamos en forma integral quien dice que lleguemos a buen puerto –

- Ok, había un árbol y… yo estaba desnuda – Las dos comenzamos a reír. ¿Por qué pasaba eso en los sueños? Alguien te persigue, corres y permaneces en el mismo lugar, vuelas, y vaya a saber que otras formas tiene el inconciente de presentar los deseos disfrazados.

- La desnudes significa que la realidad te está sobrepasando, aunque también puede que estés viviendo una relación amorosa prohibida. Doy puntos a la primera opción, o ¿hay algo más que yo no sepa? ¿un chico tal vez? -

- Al, aunque la experta eres tú, no digas tonterías – pero a mi entender las dos podían ser correctas.

- Sobre el árbol no tengo ni idea, creo que me falté esa clase, ¿algo más? ¿Era de día o de noche? ¿Había estrellas, sol, luna? –

- No recuerdo bien, pero creo que era una noche con luna nueva comenté indecisa.

- Acá voy: la luna refleja que habrá cambios de todo tipo y muestra tu femineidad y el hecho de que sea nueva que debes empezar de nuevo. ¿Pero estabas sola o había alguien con vos? – Mierda ¿le revelaba que el ser más hermoso que había visto, me tenía en sus brazos cuando ella me despertó? No, eso era privado, además él es real.

- Estoy cansada mejor lo dejamos para otro día ¿Quieres? – expresé tapando mi boca con la mano para no hacer tan evidente el bostezo.

- Nos vemos luego Evan, dulces sueños –

Solo serán dulces si Abiel es parte de ellos.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Capítulo 3


Cuando nuestros cuerpos se rozaron, el tiempo se congeló. Quedamos enlazados e inmóviles bajo el oscuro cielo estrellado. Igual que en nuestro anterior encuentro, un campo de fuerza se materializo haciendo que no pudiéramos separar nuestras miradas, cómo olvidar aquel angelical rostro. Esta vez su presencia se sentía más real, su piel era suave como la de un recién nacido y tan blanca como la luna, y el aroma a fruta fresca con notas de flores, madera y cuero que desprendía, hacía que mis hormonas se enloquecieran y mi cuerpo se tensara aún más si eso era posible. Comenzó a mover los labios como queriendo decir algo, pero no lo hizo. Con mucho esfuerzo me aparté unos centímetros de él y con una sonrisa un tanto tímida le dije:
- Gracias por salvar mi vida, estaré eternamente agradecida - no era sencillo hablarle a tanta belleza y aunque no me veía estaba segura que mis mejillas se habían ruborizado. Esperé a que respondiera, pero él no se movía, era como observar una escultura de Adonis por tanta perfección inmutable. Me acerqué lentamente haciendo que saliera del trance. Tomó mi rostro entre sus manos acercándolo dulcemente al de él. Estaba a centímetros de probar el dulce néctar de sus labios, ya podía sentir lo cálidos y húmedos que eran, cómo se amoldarían a los míos y nos besaríamos eternamente, pero un murmullo salió de ellos:
- Fue un placer princesita, pero también tú salvaste mi vida, así que estamos a mano - y se alejó divertido.
¿A caso estaba jugando conmigo? Yo y mi estúpida cara que reflejaba todo lo que pensaba, seguramente se habría dado cuenta de lo que me generaba. ¿Cómo se me puede haber ocurrido que tal vez le interesaba?, no soy fea, pero tampoco la Venus de Boticcelli. Además ¿cuándo salvé su vida?, desde luego que se estaba burlando de mí, y no era el único en el día que lo había hecho.
Comencé a caminar sin prestarle atención, la noche era muy bella y no merecía la pena dejar de admirarla tan sólo por sentirme ofendida por un desconocido, que aunque hacía parar mi corazón cada vez que lo veía, seguía siendo un desconocido al fin. Con cada paso que nos alejaba, el volumen de la música disminuía, se desintegraba el paisaje que nos rodeaba, y la pena me consumía, era el retorno de la oscuridad a mi alma lo que sentía. Como la noche anterior traté de detenerme pero no lo logré, y comencé a caer nuevamente al tenebroso vacío que me llevaba a la realidad.
No sentí desesperación, pero sí mucho pesar cuando desperté en mi habitación. Me revolví entre las sábanas, Alegra dormía en la cama contigua, mi ropa seguía dentro de las cajas, todo se encontraba igual, todo menos yo, estos sueños se estaban volviendo muy reales.
Miré el despertador que indicaba las 3:00 AM, ¡Mierda! todavía faltaba varias horas para el amanecer y estaba demasiado despierta como para poder dormirme. Intenté contar ovejas, pero luego de que saltaran la cerca unas veinte, el inconciente me traicionó con el rostro de mi ángel de ensueño. Estaba claro que lo debía sacar de mi cabeza lo antes posible, era sólo una ilusión creada por mi imaginación y se estaba adueñando de mí.
A través de la ventaba se mostraba una noche muy diferente a la del sueño, era oscura, silenciosa y triste. Una luna que apenas se vislumbraba reinaba en soledad, sin estrellas que la rodearan, sólo ella, tan parecida a mi que me daba escalofríos. Por el rabillo del ojo distinguí una sombra que se movía, algo no estaba bien, y mi cuerpo respondió inmediatamente con tensión, colocando todos los músculos en posición como esperando la señal adecuada para huir de ese peligroso lugar. Comencé a jadear, el corazón se contraía y relajaba tan rápido que asemejaba al de un colibrí, lo sabía, mi acechador me había encontrado y esta vez no me permitiría escapar.
¡Basta!, repetí para mis adentros mientras inflaba el pecho y apretaba los resecos labios de mi boca, ya no era la débil niña de antes, y aunque no los haya descubierto, tenía dones que me podrían ayudar a enfrentarme a ese psicópata que me vigilaba.
Salté de la cama hacia la ventana, y a través de ella al césped del jardín, bueno, eso sí que fue impresionante siendo que el ventanal estaba bastante alto y hacía casi un año que no realizaba actividad física. Exploré con la vista los alrededores tratando de encontrarme con aquél lunático, pero fue inútil, no había nadie, el estrés me estaba afectando de nuevo. Di media vuelta y volví a la habitación dispuesta a descansar las pocas horas que quedaban hasta el amanecer.
- Despiértate bella durmiente, o ¿esperas que el beso de algún príncipe lo haga? - hoooo si era la inconfundible voz de Alegra para comenzar el día. Menos de veinticuatro horas de mi nueva vida y ya estaba con mal humor.
- Buen día Al, ¿sería impropio si utilizaras un poquito de tu don en mi?, sólo por hoy ¡por favor! - le imploré mientras retiraba las mantas de mi cabeza. Y aunque reconozco que me estaba aprovechando de ella, necesitaba que la felicidad borrara el miedo y el nerviosismo que sentía. Los nuevos comienzos son duros y en verdad no tenía ganas de esforzarme en encajar.
- ¡Evan!, ni que lo digas, acá compartimos todo, ¿somos amigas o no? Vístete y baja a desayunar que te espera un día eterno con Gab - dijo mientras pasaba por mi lado saliendo del dormitorio y hacía que las mariposas volvieran a volar en mi interior.
Me levanté de un salto y de la única caja que estaba abierta, saqué una gastada camisa azul que me acompañaba desde hacía unos cuantos años y un roído sweater negro. Me los puse haciéndolos combinar con los jeans y las zapatillas del día anterior.
Aunque no me había tardado demasiado, ellos ya se habían ido. La paz reinaba en la casa, era como transitar las calles a medianoche en un día lluvioso, estaba tan tranquilo. Tomé una tostada de la mesa de la cocina y me dirigí a recorrer la casa en busca de Gabriel. Se que el desayuno es la comida más importante del día, que me provee de energía, y bla bla bla, pero mi apetito matutino nunca estaba presente, por lo que una tostada estaría bien. Hoy sería un día tan intenso como el anterior, nueva ciudad, nuevo colegio, nuevas responsabilidades, nuevas personas que indudablemente las tendría que conocer. No podía estar encerrada todo el día en el cuarto, y en realidad tampoco lo quería, la felicidad que Alegra me había transmitido, hacía que las cosas que antes me preocupaban se diluyeran en este nuevo sentimiento.
De pura fortuna vislumbré en la puerta del refrigerador una nota y ohh casualidad estaba dirigida a mí.

Querida Evan: lamento no estar contigo en este día, pero he tenido que realizar algunas diligencias relacionadas con tu protección. Nos vemos en la cena. Para lo que necesites León está a tu disposición, él te llevará al instituto, su número es: 156234596. Que tengas un buen día y tu ángel te acompañe. Besos, te quiere…
Gabriel

El día estaba resultando bastante bien por el momento, podría ordenar mis cosas, recorrer la casona, almorzar algo y contactar a León; pero era imperioso que comenzara inmediatamente o pasaría lo de siempre: dejaría todo a medias y llegaría tarde a mi deber. Todo transcurrió de acuerdo a lo planeado, había pizza en el frigorífico, León me pasaría a buscar a las 16.30 hs, y cuando quisiera darme cuenta terminaría el día tan tranquilamente como había empezado, bueno, recordando como había comenzado, mejor sería que no finalizara de la misma manera.
- ¡Evan! ¿en dónde estás? Evannn… - una voz masculina resonaba por el pasillo, por lo que me asomé y ansiosa respondí a su llamado:
- León no te esperaba tan temprano - cuando leí la nota me sorprendió que él fuera mi chofer asignado por Gab, y más aún que llegara a esta hora, todavía faltaba para que me recogiera.
- Hola Evan, espero no haberte asustado, pero llegué antes porque debo hacer algunos encargos y de otra forma no podría recogerte a tiempo. Así que si estás lista, salimos ahora y me acompañas, ¿te parece bien? - ¿me encontraba en un mundo paralelo? ¿León me estaba tratando amablemente? Era de no creerlo.
- Ya estoy lista, sólo debo buscar un abrigo para cuando salga – sí, el instituto terminaba en la noche, el horario era raro, pero teniendo en cuenta que el turno nocturno es para personas que trabajan y bueno… para casos como el mío, sonaba razonable.
Dimos varias vueltas en el auto, cada cierto tiempo estacionaba para hacer los recados y yo debía quedarme esperando. Conversamos de cosas banales, y me sorprendió la relajada atmósfera que se creó entre nosotros, él me hacía sentir que nada malo podía suceder, seguridad es la palabra mágica.
- Pequeña, creo que llegamos. Lo olvidaba, no podré venir a buscarte, espero que me sepas disculpar ¿recuerdas cómo volver? El camino no es peligroso - ¿no notaba que estaba bastante crecidita? ¡Hello! Tengo 19 años y se cuidarme sóla.
- No hay problema, además mi instinto me dice que la noche estará estupenda para caminar, y no te preocupes se ubicarme bien. Gracias por traerme - me despedí con un beso en la mejilla y salí rápidamente del auto, debía ir a la secretaría para presentarme y en pocos momentos darían comienzo las clases.
Se trataba de una típica edificación escolar, nueva y de bajo presupuesto, pero se notaba a simple vista que las personas encargadas de su mantenimiento se esforzaban para que estuviera en las mejores condiciones posibles.
La secretaria me informó las normas del lugar, cuáles serían mis asignaturas, y mientras nos dirigíamos al salón de clases me fue mostrando los diferentes sectores de la pequeña institución. No me lo esperaba, pero las horas transcurrieron rápidamente, los avioncitos de papel no volaron esa noche y seguramente ninguna otra, porque el único motivo de los que estábamos allí era el de aprender.
La noche era espléndida, perfecta para una larga caminada. Aunque la cálida temperatura no concordaba con la época del año en la que estábamos, una suave brisa acariciaba mi rostro y erizaba la piel de mis brazos, por lo que debí sacar el abrigo de mi bolso y colocármelo. Comencé a transitar las calles de la pequeña ciudad y de vez en cuando me tropezaba con algún luminoso escaparate, pero la mayoría del camino estaba desierto. Sólo faltaban unas pocas cuadras para llegar a mi destino y sentía que mis piernas todavía podrían soportar correr un maratón, porque el trayecto no había resultado tan agotador como esperaba. Mientras seguía en mi fantasía atiné a cruzar la calle, y lamentablemente todo transcurrió en cámara lenta permitiéndome distinguir hasta mínimos detalles, cuando un auto deportivo apareció repentinamente pasando muy cerca. Una delgada pelirroja con expresión arrogante que iba en el asiento de acompañante me llamó la atención, tal vez por la provocadora vestimenta que tenía o por la forma en que sensualmente acariciaba el rostro del joven que conducía. Los ojos azules del conductor se posaron en mí y al verme su rostro expresó desprecio. La sorpresa explotó, haciendo que me petrificara completamente, cuando reconocí el sublime rostro de la persona que hacía instantes casi me atropellaba. Desafortunadamente comprendí que mis sueños no eran tal, sino el producto de un inconciente vívido.

lunes, 24 de agosto de 2009

Capítulo 2


Algo se había enredado en mi pierna, me estremecí, no comprendía lo que sucedía, hasta que me di cuenta que yacía agitada en la cama.
Dios mío, qué hermoso sueño, lástima la última parte, casi me muero de un infarto dije para mí con una sonrisa.
Un rayo de sol entraba por una rendija de la persiana. Parecía que hoy sería un bello día. Fui al baño y al verme en el espejo vislumbré que las sombras alrededor de los ojos que pensaba que eran crónicas, habían desaparecido y mis almendrados ojos que cambiaban de color con el tiempo, hoy eran tan azules como el cielo, todo irradiaba luz y alegría como hacía años que no lo hacía. Si no supiera que me reflejaba en el espejo, hubiera asegurado que era otra persona la que estaba frente a mí. ¿Cuándo había cambiado tanto mi físico? ¿o era que había cambiado la forma de verme a mi misma?
El deseo de vestirme con colores fuertes me invadió. En los últimos años no había comprado demasiada ropa, pero el negro lentamente había inundado mi guardarropa, haciendo que cada vez que lo observaba recordara los momentos más oscuros de mi vida. Tomé unos jeans gastados, una remera negra bastante ceñida con el signo paz estampado en el frente y las únicas zapatillas que tenía.
Cuando me dirigía a la cocina para tomar el desayuno, tocaron la puerta y el recuerdo de lo acontecido la noche anterior apareció de repente, lo que había intentado hacer, la voz que tanta paz me había dado, y aunque resultó extraño tenía la certeza que no era producto de mi imaginación.
Al abrir la puerta, una bella mujer de unos 30 años con cabellos dorados y cuerpo envidiable me miraba dulcemente.
- Buenos días, debes ser Evangeline, yo soy Gabriel y mi padre me mandó a buscarte - dijo guiñándome el ojo como si fuese lo más natural del mundo que una voz le ordene que me busque, aunque sabía a lo que se refería con esas palabras.
- Hola Gabriel ¿quieres pasar? - estaba nerviosa, pero al hablar no se notó y eso me gustó.
Mi departamento era realmente muy pequeño, sólo un baño y una cocina-comedor en donde por arte de magia cabían una mesita, dos sillas, y un sillón que se hacía cama.
Le indiqué que se sentara en la silla, ya que el futón todavía tenía las sábanas de la noche anterior. El desorden me avergonzaba un poco, pero pareció no importarle.
- Se que mi presencia no te sorprende, ya que mi padre anunció nuestro encuentro. Es tiempo de que hagas tus maletas y vengas a vivir conmigo, debemos descubrir tus dones y entrenarte, de ahora en adelante yo seré tu tutora. - No es normal que cuando un desconocido te pide que te vayas a su casa, te sientas segura de que es lo correcto. Okay se podría decir que había perdido el instinto de peligro, pero sabía fehacientemente que la voz que escuché la otra noche era la del todo poderoso, pero ¿cómo sabía eso?
- No comprendo bien la parte de los dones y el entrenamiento, ¿es para convertirse en monja? Porque no creo estar muy preparada para eso - lo dije con un tono de suplica que hizo que Gabriel se riera a más no poder.
- No, no, perdón pensé que tenías toda la información sobre tu nuevo deber -
Ahora si no entendía nada, cosa que ella captó al vuelo y creo que fue por eso que dijo:
- Eva, algunos nos llaman cazadores de demonios, y otros guardianes de almas, pero lo que hacemos es luchar contra las sombras con los dones que nos obsequió nuestro padre -
- ¿vendrían a ser como poderes especiales? - me sentí una tonta por decir eso, ¿cuándo iba a aprender que tenía que pensar antes de hablar?.
- Si, se los puede llamar de esa manera si quieres - intentó no reírse. En ese momento un flash de comprensión pasó por mi mente, estábamos hablando de poderes que yo no tenía, entonces ¿cabía la posibilidad de que hubiera una confusión y no fuera yo a la que debía ir a buscar?
- Pero Gabriel, yo no hago nada especial, no vuelo, ni tengo visión de rayos láser, ¿cómo voy a hacer para luchar con demonios? ¿no voy a estar un poco indefensa sólo con el rezo? -
- Confía en mí, poco a poco irás comprendiendo. Ahora creo que sería mejor que comiences a hacer los preparativos para la mudanza, paso a buscarte a las seis de la tarde, espero que estés lista para entonces. - Y sin más preámbulo se puso de pié. Ya estaba cerca de la puerta de entrada cuando reaccioné, tenía casi ocho horas para dejar mi antigua vida en orden, ponerle el candado y tirar la llave.
- Sólo empaca lo indispensable, allí te proveeremos de lo demás - murmuró mientras desaparecía de mi vista.
El impacto del encuentro había podido conmigo, todavía me mantenía inmóvil en el futón. No pienses más y déjate llevar, que la paz fluya, me dije mientras mi cuerpo se relajaba de forma tal que al caminar parecía que lo hacía sobre nubes.
No había tiempo que perder, hice una imagen mental de las cosas que debía hacer, y decidí comenzar a armar la maleta. Esta no era muy grande, pero era la única que tenía. Unas horas más tarde todo estaba casi listo, sólo faltaba llamar al propietario del departamento para comunicarle que no seguiría alquilando el lugar y cerrar la maleta. Había colocado tantas cosas dentro que no la podía cerrarla, me senté encima, haciendo mucha fuerza jalé el cierre y escuché un crash,
- noooo, mierda - se había roto. ¿Y ahora qué hacía? Iba a tener que poner la ropa en cajas de cartón, pero debía apresurarme, no había comido nada desde que me levanté y pronto llegaría Gabriel para recogerme.
Efectivamente cuando terminé de hablar por teléfono con el dueño del departamento, y debo decir que no le gustó nada que de un día para el otro deje el lugar, llegó mi nueva tutora.
- Eva querida sube las cosas al auto, apúrate todos están esperándote - eso quiere decir que mi alocado día todavía no terminaba, ahora tendría que conocer a más personas, cosa que no me agradaba en absoluto. Aunque hace mucho tiempo había sido muy social, ahora me costaba relacionarme.
- Si, sólo son unas pocas cajas - en donde empacaba toda una vida me falto agregar. Me ayudó a llevarlas al auto y nos marchamos. Mientras nos dirigíamos a la carretera, sentí un poco de nostalgia por lo que dejaba. Aunque mi vida en los últimos años no había sido muy buena, me había acostumbrado a ella. Mi visión se nubló por las lágrimas que cubrían mis ojos, pero esta vez no las iba a derramar, sabía que lo que venía iba a ser bueno para mí, debía serlo.
Durante el viaje casi no dijimos una palabra, fue un tanto incómodo hasta que Gabriel sintonizó en la radio una melodía que aunque ya la había escuchado una vez, no recordaba en dónde. Me agradaba, hacía que mis hormonas brotaran y me extasiara, era un poco extraño, nunca me había sentido así.
- Veo que te gusta este tipo de música, ¿la conoces? -
- No, no la conozco - me apresuré a decir, ¿por qué la urgencia de negarlo? Sabía que era un nocturne, la conocía, pero algo me decía que si lo confirmaba era como revelar mis más profundos secretos.
- Es un nocturne, una pieza inspirada por la noche, intima y sentimental - susurró por lo bajo no queriendo arruinar con sus palabras la suave atmósfera en la que nos encontrábamos.
- Es hermosa. - Sentía como penetraba en el vacío de mi corazón y lo llenaba. Así continuamos todo el viaje. Cuando me liberé del trance estaba aparcando el auto frente a una simple pero elegante casa antigua, que tenía un bello jardín en el frente. Antes de entrar, me tomó del hombro y dijo con seguridad
- Eva, todo va a salir bien, no tengas miedo. -
Pasamos rápidamente del pequeño hall a una acogedora habitación con amplios ventanales que daban al exterior y sillones de cuero negro ubicados de tal forma que al sentarse en ellos se seguramente sentiría el calor de una gran chimenea encendida. Una joven de ojos celestes y cabellos oscuros me saludó desde el sillón en donde estaba recostada.
- Hola, bienvenida a casa, soy Mercia y él es mi hermano León - me volteé buscándolo y estaba justo a mi lado iluminando la sala con una pícara sonrisa, era alto, un tanto delgado pero musculoso, llevaba un sweater verde que hacía resaltar sus ojos marrón claro, y la verdad es que tanto él como su hermana parecían salidos de una revista de modas.
- Hola, soy Evangeline - dije ruborizándome por la cercanía en la que estábamos, y reafirmando lo incómoda que me ponían las presentaciones.
- Está lista la cena, apuren que se enfría - dijo alguien desde otra habitación.
- Encantado Evangeline. Deberíamos ir yendo al comedor antes que Alegra venga a buscarnos, desde que se enteró que venías está bastante ansiosa - y mientras se reían pasamos al comedor. Una mesa repleta de deliciosos platos nos esperaba en el centro de la habitación. Tomamos asiento cuando una blonda joven llegó con más comida. Rápidamente dejó la bandeja sobre la mesa y se acercó diciendo muy efusiva
- Hola Eva, soy Alegra, pero todos me dicen Al, vamos a compartir el cuarto y espero que seamos buenas amigas - todos voltearon los ojos y comenzaron a reír. La situación me recordó a una que leí en esos libros para adolescentes, en dónde la dulce niña se presentaba al resto.
- Hola Al, mucho gusto - sin duda hablaba como una viejecita, ya me imagino la imagen que se estarían haciendo de mí, una freaky ñoña.
Con cara de pocos amigos Alegra miró a Mercia y a su hermano
- ¿Por qué nadie me avisó que Eva estaba aquí? Sabían que quería recibirla -
- No te pongas así, ella recién llegó, sólo relájate - respondió León divertido. Al verlos parecían una feliz familia, una que hacía ya mucho tiempo que yo no tenía, y me alegró saber que pronto iba a ser parte de ella. Era una segunda oportunidad y no iba a dejarla escapar tan fácilmente.
- Bueno chicos, hagan silencio, hay que bendecir los alimentos - Gabriel comenzó a hablar mientras todos estábamos en silencio. Esto era algo nuevo para mí, pero me agradaba. Comenzamos a cenar en silencio, y como tenía miles de dudas, decidí que era momento de que me las aclaren.
- ¿Cómo me encontraron? - por la cara de sorpresa que pusieron creo que ninguno se esperaba mi pregunta.
- Parece que la niña va sin rodeos, y eso me gusta - dijo León haciéndome ruborizar nuevamente.
- Te encontró mi hermano, él detecta las conversiones, es uno de los dones que tiene - acotó Mercia gentilmente.
- Entonces León ¿Cuál es mi don? Si es que tengo uno - estaba muy emocionada por la respuesta que me darían.
- Lo lamento yo sólo te encontré, nada más, el don lo descubre cada uno - pude notar en sus palabras un tinte de tristeza, ¿sería que no estaba muy conforme con su don o era que le hubiera gustado saber más de mi?
- Eva, no quiero desilusionarte pero los dones no son lo que crees, Mercia hace fluir el perdón, Alegra da felicidad y León fuerza - dijo Gabriel. Está bien, no era lo que yo esperaba, ¿luchar contra un demonio y hacerlo sentir feliz? Eso si que era un bonus para mis enemigos, pero lo importante en este momento, es que parece ser que mi rostro revela más de lo que quiero, por lo que tendré que ejercitar de ahora en adelante mi cara de poker.
- No olvides que tenemos agudizados los sentidos y somos bastante rápidos, bueno sólo Mer y yo porque León es bien lento - indicó Al sacándole la lengua.
- Ya es demasiado por hoy, Eva está cansada, y ustedes mañana temprano tienen clases. Querida tus cajas están en la habitación - anunció Gab retirando los platos de la mesa. Eso quería decir que no iba a poder hacer más preguntas por hoy, y si que tenía unas cuantas más en mi mente.
Mierda, con los acontecimientos del día, se me olvidó que a la noche iba al instituto, pero ¿qué iba a hacer ahora? estaba en otra ciudad, y no habíamos hablado nada al respecto.
- Gabriel ¿Qué es lo que voy a hacer con el instituto? -
- Todo resuelto, hoy a la tarde me comuniqué con el director de tu antiguo instituto para hacer el cambio y desde mañana irás al de la ciudad, el nivel es bastante bueno, te será muy fácil adaptarte - Se notaba que Gabriel no me conocía en lo absoluto, ¿yo siendo una persona normal?, ja, en absoluto. No era momento de discutir, mejor sería ir a la habitación, la cuestión era que no sabía dónde estaba ubicada.
- Ven conmigo, te voy a mostrar tu lindo cuarto de niña - murmuró León. ¿Qué le sucedía conmigo? ¿a caso me odiaba? Lo seguí por un oscuro pasillo, sin decir una palabra, hasta que nos detuvimos en una de las puertas.
- Acá es donde nos despedimos pequeña, que tengas dulces sueños - y desapareció de mi vista como en un acto de magia. Punto para los guardianes me dije, son rápidos.
Golpee la puerta, y Al respondió que pasara. La habitación no era muy grande, pero al tener el techo tan alto y grandes ventanales parecía que estuviésemos en medio de la oscura noche. Las paredes parecían cubiertas por miles de marshmallows, era como la casa de dulces del cuento de Hansel y Gretel, ¿acaso en cuanto me distrajera me encerraría para engordarme y luego comerme? Y una carcajada se hizo audible sin poder detenerla, el estrés me estaba volviendo loca.
- ¿Qué es gracioso Evan? Cuéntame - dijo en tono suplicante
- No es importante, hoy fue un día un poco extraño y estoy reaccionando raro, nada más - al observarla, su mirada denotaba empatía pero su rostro era pura alegría, sentimiento que de a poco se calaba por mis huesos, las comisuras de mis labios se elevaron y cientos de mariposas revoloteaban dentro mío queriendo salir. Definitivamente ella lo estaba haciendo, estaba usando su don conmigo y debo decir que era agradable.
- Si, entiendo a lo que te refieres, pero no te preocupes, te vas a adaptar perfectamente. - Ya es la segunda vez que me decían eso, les estaba causando una impresión errónea de lo que era. No quería escuchar sobre como pensaba que actuaría ante la adversidad, era obvio que desconocían lo que había intentado hacer la noche anterior, es por eso que cambié de tema.
- Gabriel dijo que mis cosas estaban aquí, ¿me dices dónde para sacar el pijama? -
- Hay, que mala anfitriona soy, allí están tus cosas - dijo señalando varias cajas apiladas junto a un viejo armario.
- Esta es tu cama, son lindas ¿no?, yo misma escogí los colores del cobertor - lo suponía era un reflejo de su personalidad, rococó y dulce, no me disgustaba, pero no eran mis colores favoritos. No me gustaba mentir, tenía bastantes cosas negativas en la balanza de San Pedro, lo mejor sería no contestar su pregunta. Por lo que dije manteniendo la sonrisa
- Todo es muy cálido, refleja mucha alegría -
Después de higienizarme y ponerme el pijama, me despedí de Alegra, pedí al ángel que nos cuide durante la noche y me acosté. No podía dormirme, a veces me pasaba eso, y viejos recuerdos llegaron a atormentarme. Cuántas veces sentí odio por mi padre, por habernos abandonado, por no haber luchado como mamá por seguir vivo, y tuve que pasar por la misma desesperación y vacío para comprender que no era nadie para juzgarlo, al final había intentado hacer lo que él pudo consumar. Aunque la tristeza ha sido mi compañera durante tanto tiempo, ya es hora de dejarla ir y reemplazarla por la paz, debía descansar.
Mi cuerpo se relajaba, era tan liviano, sentía que no existía. La conciencia comenzó a nublarse, algo la envolvía, no me dejaba ver qué era lo que estaba más allá de la oscuridad, intenté jalarlo pero no podía, sentía que había alguien más, alguien que me esperaba. Reconocí el nocturno a lo lejos, traté de seguirlo pero con cada paso que daba se me hacía más difícil, estaba muy débil. El aire no ingresaba a mis pulmones, me estaba ahogando en la nada, la desesperación me embargó, pensé que era el final, qué muerte más horrenda me había tocado. Una fuerza rodeó mi cuerpo sacándome de ese calvario, y la visión volvió para poder contemplarlo a él, mi hermoso salvador de ojos azules.

martes, 18 de agosto de 2009

NocturnE (Dulces Sueños)



Capítulo 1
Esta noche es diferente a todas las otras que he pasado, ya no más pesar, no más soledad, no más sentirme observada continuamente, esta noche el sueño se va a convertir en paz.
El terminar con mi vida no es algo arbitrario, lo vengo evaluando desde hace mucho tiempo. Desde pequeña comprendí lo que significa sufrir y convivir con la muerte, al suicidarse mi padre a los 9 años quedé sola con mi madre quien luchó para que saliéramos adelante de la crisis económica y emocional que estábamos atravesando. Fueron tiempos difíciles, pero nada se compara con lo que sucedió a continuación, ella enfermó de cáncer y falleció poco tiempo después, dejándome sola y desesperada. No me es fácil recordar aquellos días pero ¿a quién le resultaría fácil hacerlo? Quise ser fuerte, valerme por mi misma, es por eso que evadí a la asistencia social, no quería estar con nadie más, no quería que nada me recordara lo que había perdido. Era mejor vivir sola y así lo hice, de día ayudaba en algunos comercios del lugar y de noche iba al colegio.
Mi vida no siempre fue tan dramática, hubo momentos en dónde fui feliz. Recuerdo cuando antes de dormir mi madre me arropaba, pedíamos al ángel de la guarda protección (ella creía que los demonios aprovechaban la noche al cambio de guardia de los ángeles para hacer maldades) y por último me daba la bendición y el beso de las buenas noches. ¡Cómo anhelo aquellos días!, parece que el sol brillaba más en esa época. Todo terminó, es inevitable ocultar que ya no soy la niña feliz que era y que la vida que irradiaban mis ojos se fue perdiendo lentamente.
Tengo frío en los ojos, mi corazón está muy golpeado, extraño mi otro yo, me siento desprotegida, es como si viviera en un mundo paralelo al del resto, no veo amor, felicidad, los colores se volvieron sólo grises, las sonrisas se empapelaron con pensamientos de autodestrucción.
Con el tiempo las noches comenzaron a hacerse eternas, me costaba conciliar el sueño, sentía que alguien me acechaba, esperando a que me derrumbara para tomarme en cuerpo y alma, eso me aterraba y me volvía paranoica. Esta noche sabía que estaba allí en algún lugar, mirándome extasiado, saboreando mi agonía.
- Por favor vete ya, por favor, no tengo más fuerza, ganaste, me rindo…- grité mientras lloraba desaforadamente.
A través de todos estos años se fueron acumulando el dolor de las pérdidas, la soledad, la desesperanza, el sacrificio de subsistir y una especie de paranoia persecutoria nocturna, creando en mi alma tal vacío interno que me llevó en esta noche lluviosa a decidir quitarme la vida.
Elevé el frasco de pastillas para poder observar lo que me llevaría al final, pronto este manto que cubría mi alma y no me permitía ser feliz se desvanecería. Mi verdugo me incitaba a que lo hiciera, pero antes decidí recordar por última vez a mamá, aquella mujer tan fuerte, que hasta el último suspiro luchó por estar viva. Lágrimas comenzaron a rodar por mi pálido rostro y todo se tornó superfluo, miles de acusaciones corrían por mi cabeza ¿quién soy yo para decidir sobre mi vida?, que Dios se apiade de lo que había intentado hacer, la única forma de ser es entregándole mi vida a él.
- Por favor no dejes que me sienta desvastada, pídeme lo que quieras, pero dame la fuerza necesaria para poderlo llevar a cabo, te pido coraje para no rendirme y un amor puro y verdadero que me haga olvidar el sufrimiento que he vivido, a cambio te ofrezco mi vida…-
Una suave brisa envolvió mi cuerpo haciendo que la temperatura aumentara, los músculos se comenzaron a relajar, era como si mi alma se expandiera por todas partes. Una voz que no venía de ninguna parte comenzó a resonar en la habitación:
- Hija mía, no tengas miedo, confía en mí, la decisión que hoy se ha tomado no solo cambiará tu vida sino que es el comienzo de la salvación. Tu alma es bondadosa y eso te hará brillar entre las sombras. Los dones que te he otorgado deberás multiplicarlos. No será fácil, pero ten fe, tienes la fortaleza necesaria para lograrlo, yo te cree sé de lo que eres capaz… Mañana recibirás la visita de una de mis hijas, confía en ella, pero está atenta porque el errar es propio de la naturaleza humana…- mi corazón latía a más no poder, estaba sorprendida, pero no desconcertada, miré a través de la ventana, y observé como las nubes de la tormenta se disipaban, sentía que todo iba a estar bien, sólo debía esperar.
Sin saber qué hacer, me dirigí al dormitorio, era tiempo de descansar, sabía que estaba a salvo, lo que me aguardaba ya no estaba allí. Realicé una oración de agradecimiento y protección como en los viejos tiempos. Al ver la dulce mirada de mi madre plasmada en la fotografía al lado de mi cama, me encontró la seguridad de lo orgullosa que estaría ella de mi, esbocé una sonrisa y cerré los ojos.
Un inmenso prado repleto de flores salvajes emergió frente a mí, mariposas azules revoloteaban a mi alrededor, la luna iluminaba la noche y cientos de estrellas titilaban como si fueran luciérnagas, todo era perfecto. Una tenue melodía endulzó mis oídos, era un nocturne embriagador que me llamaba a su encuentro… comencé a correr en dirección a un viejo árbol que divisaba a lo lejos. La brisa ondeaba el amplio camisón dando la sensación de que me deslizaba por el aire como si fuera atraída por un campo magnético.
Al llegar, rodee el gran árbol, y fue allí cuando lo vi, recostado cerca de la base se encontraba el ser más hermoso que había visto alguna vez, parecía un ángel dormido, de labios carnosos y nariz respingada pero un tanto recta, espesas pestañas, y cabello castaño que hacía de marco perfecto a su encantador rostro.
Me incliné con adoración para poder contemplarlo mejor, y aunque traté de resistirme, fue tarde cuando mis dedos rozaron su mejilla y unos profundos ojos azules me observaron con sorpresa. Lo había despertado. Intenté disculparme, pero había enmudecido, estaba paralizada, me levanté de un salto, y comencé a alejarme cuando escuche - Por favor no me dejes - , traté de detenerme pero el suelo se desvanecía y caía hacia la nada…